¡Tú deliras, colega!

Sencillo, rápido y claro… o eso parece. Si alguien nos dice que deliramos, no nos tocamos la frente y respondemos un “qué va, tío, no tengo fiebre”. Entendemos rápidamente el concepto: nuestro interlocutor cree que estamos diciendo una tontería, algo absurdo, un sinsentido.

Pero, ¿realmente el delirio es un concepto tan claro? Veamos cómo lo define la Real Academia de la Lengua Española: “Desorden o perturbación de la razón o fantasía originado de una enfermedad o una pasión violenta”. Así las cosas, parece que puede delirar tanto un Don Yonki De Heroína como un notable Don Apasionado Del Teatro, por ejemplo. Empieza el lío.

Vayamos al origen etimológico: al latín. La palabra delirio proviene de “delirare”, donde “lirare” significa abrir surcos y el prefijo “de” moviliza el término, viniendo a decir que el que delira “abre surcos en cualquier dirección, apartándose de la costumbre y tradición”. Ciñéndonos a esto, cualquier revolucionario, artista, creativo o transgresor podría ser definido como un ser delirante. Empieza a hacerse cuesta arriba entender esto.

Recurramos a la psicología, a ver si nos aclaramos algo. En psicología el deliro es un trastorno del contenido del pensamiento. Es, por tanto, una creencia personal errónea basada en inferencias arbitrarias a partir de una realidad externa, sostenida con firmeza a pesar de la existencia de evidencias en contra y que no es aceptada por otras personas del mismo grupo cultural.

Así pues el que delira no tiene por qué ver enanos asesinos subidos a hombros de personas, ni escuchar voces que le digan que tiene que correr despavorido para salvar la vida (aunque en muchos casos acabe por sufrir alguna de estas alucinaciones). Simplemente tiene que creer en algo que no sea verdad, algo en lo que no crean los demás; montarse su propia película. Simplemente eso. Sin embargo, algo que parece tan tangible, ¿es en fondo tan simple? ¿Dónde está el límite entre lo real y lo ilusorio? ¿Quién puede definir los criterios de veracidad versus falsedad? ¿No pueden existir “delirios” que contengan verdades o, incluso que, en un determinado punto se conviertan en realidad? Si, por ejemplo, la religión cumple todos los criterios de la definición psicológica menos el último (pues es compartida por una comunidad), ¿es más fiable que la creencia de un hombre que se siente controlado sólo porque millones de personas no sientan lo mismo? Parece que el diagnóstico no es tan fácil como se dibujaba a priori.

Es bien conocido el Efecto Marta Mitchell, amantísima esposa del fiscal general norteamericano durante la administración Nixon, quien denunció ante la prensa irregularidades en la práctica profesional de algunos funcionarios de la Casa Blanca. Se dijo que sufría un delirio. A los meses, se destapó el Watergate.

Es complicado, así que sólo nos queda aferrarnos a una serie de dimensiones que facilitan algo el término:

  • La fijeza, inmodificabilidad e incorregibilidad del pensamiento en cuestión.
  • El grado de intensidad o convicción que muestra la persona.
  • La ausencia de apoyos culturales.
  • La preocupación (siempre referida a uno mismo).
  • La implausibilidad (grado en el que la creencia se aparta de la realidad).

Celotipia, delirio de persecución, de referencia, de grandeza, de Sosías, de Capgras…múltiples subtipos de esta psicopatología que iremos conociendo y que podrían avalar aquello de que la razón es la locura de todos y la locura, la razón de uno…

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Cuando la cremallera no cierra…

Acabado el verano nos toca la vuelta a nuestra vida diaria, al trabajo, pero ops!, si estos vaqueros me entraban antes de verano, ¡¿¡¿¡¿¡¿qué ha pasado?!?!?!?! Y nos paramos a pensar… las claras, los tintos de verano, la tapas, los helados… en fin, que en vacaciones nos dejamos alegrar también a través del gusto, y al volver de las vacaciones  nos traemos unos kilitos de más como souvenir.

¿Y ahora qué hacemos? Lo comentamos con amigos, familia, compañeros de trabajo, etc… y al final acabamos con 20 remedios y con una gran confusión: que si alcachofas a mansalva, claras de huevo, infusiones de raíces, piñas o sirope de arce!! Total, que tanto juntos como separados, todos estos trucos y remedios no acaban de cobrar mucho sentido y, desde luego, hacen de la comida un momento no muy apetecible del día. Pero a pesar de la gran cantidad de recomendaciones, esas dietas milagrosas que prometen una importante perdida de peso en un tiempo record, ¿son realmente buenas para nosotros?.

La respuesta es un NO rotundo y final. La pérdida de peso causada por estas dietas se debe a una pérdida de agua y nutrientes esenciales, no a una disminución del volumen de grasa corporal, es decir, hemos perdido lo que nuestro cuerpo necesita y nos hemos quedado con lo que nos sobra y, en cuanto retomamos nuestra alimentación normal, volvemos a recuperar todo el peso perdido, e incluso algo más, en un tiempo también record, vamos, “las gallinas que entran por las que salen”. La realidad es que perder peso no es fácil, pero cuando nos metemos en los pantalones de una o dos tallas menos, empezamos a sentir que ha valido la pena y que lo hemos conseguido con nuestro esfuerzo.

Por tanto, antes de ponernos a dieta, es necesario tener en cuenta unas cuantas cosas:

Una de ellas es el “Balance energético”, esto es, el equilibrio entre las calorías que ingerimos y las calorías que gastamos; si el balance es positivo, es decir, consumimos más de lo que gastamos, se producirá el aumento de peso como consecuencia del aumento del volumen del tejido adiposo del cuerpo. Así que la solución parece fácil, gastar más de lo que se consume, para lo que nos ponemos a dieta, pero… aquí hay truco, si reducimos la cantidad de calorías que ingerimos, nuestro cuerpo va a reaccionar a esta restricción y, al principio, perderemos peso, pero a continuación nuestro metabolismo basal se irá enlenteciendo, lo que hará que se quemen menos calorías y se pierda peso más despacio.

Una vez más las gallinas entrando y saliendo… por lo que, cuando queremos adelgazar no debemos centrarnos exclusivamente en lo que comemos, sino también en la energía que gastamos; para estimular a nuestro organismo a quemar calorías hemos de recurrir a un clásico, el ejercicio regular. Así, una dieta basada en una  restricción alimentaria equilibrada y ejercicio físico da resultados, pero de forma más lenta, aunque más estable a largo plazo. Por tanto, ¿a qué se debe el que nos sigamos viendo tentados por las dietas milagro?

Esto tiene su explicación en las recompensas que obtenemos con la comida y en las consecuencias inmediatas del ejercicio físico. Al comer, obtenemos una serie de refuerzos a corto plazo como disminución del apetito, la satisfacción y el placer por el alimento, y es sólo a largo plazo cuando notamos la ganancia de peso; por otro lado, el ejercicio físico tiene una serie de consecuencias poco deseables a corto plazo – agujetas, fatiga o hambre- que van desapareciendo con la práctica regular, es decir, a largo plazo. En este punto es donde entran las dietas milagro: nos plantean una dieta en la que sólo tenemos que sufrir una semana para perder peso y claro, es fácil caer en la tentación de seguir una. Sin embargo, todo el que se haya sometido a este tipo de dietas sabe que implican un periodo corto pero intenso de pasar mucha, pero mucha hambre para recuperar rápidamente el peso perdido. Aún así, estas dietas llegan a todo el mundo gracias al boca a boca, revistas, etc…

Cuando emprendemos una dieta debemos marcarnos objetivos a corto, medio y largo plazo, contemplando nuestro esfuerzo diario como una pieza esencial en un proyecto más grande que es adoptar un estilo de vida saludable.

El primer paso a la hora de ponernos a dieta es consultar con nuestro médico de cabecera, quien evaluará nuestra condición física y determinará si hay algo a lo que debamos prestar  atención como colesterol o azúcar, además de aconsejarnos cómo debemos comer para perder peso. Asimismo, es recomendable hacer un autorregistro antes de empezar para ser conscientes de nuestros patrones alimentarios y, una vez que hayamos empezado la dieta, continuar con el registro nos ayudará a ceñirnos a la misma.

Una vez más, es esencial realizar ejercicio de forma regular, y esta suele ser la parte más dura, pero ¡ojo!, no se trata de pasar del “silloning” al aerobic tres veces por semana de un día para otro. A la hora de plantearnos el ejercicio debemos pensar en lo que más nos gusta  -bailar, nadar, bicicleta- y organizar un calendario de ejercicio en el que comenzaremos con actividades ligeras las primeras veces como caminar,  para ir aumentando las horas semanales y la intensidad del ejercicio a lo largo del tiempo.  No debemos olvidar, especialmente al principio, recompensarnos por el esfuerzo con algo que nos agrade y que no tenga que ver con la comida, por ejemplo, ver el fin de semana esa película que tanto nos gusta por haber cumplido con el calendario de ejercicio establecido para esa semana. !Ah! y aunque suene mal, darnos aliento a nosotros mismos a la salida del gimnasio no está de más…

Otros hábitos a desarrollar, que van a ser de gran ayuda a la hora de hacer una dieta es, por una parte, la planificación de las comidas y, por otra parte, hacer la lista de la compra sólo con lo que necesitamos para esas comidas, y ceñirnos a ésta cuando estemos en el supermercado. Un consejo, es mejor no ir a hacer la compra cuando tengamos hambre, en ese momento hasta las gambas crudas son apetecibles!

Asimismo, para combatir la tentación de comer de más, hay diferentes estrategias que pueden resultar útiles, entre ellas la que nos sugiere Maitena arriba, poner fotos en la nevera que nos recuerden que estamos a dieta y qué consecuencias tiene el dejarse llevar  y abrir la nevera entrehoras. Otra estrategia para emplear durante las comidas es servirse la ración que vayamos a comer en la cocina en lugar de llevar una fuente con toda la comida a la mesa, dejando abierta la opción de repetir. Por último, lavarse los dientes inmediatamente después de cada comida nos marca el final del momento de comer y por tanto del momento de ingerir alimentos que se salen de las porciones que nos corresponden.

Consideramos esencial llamar la atención sobre un hecho muy importante, por mucho que nos esforcemos en adelgazar y en ejercitarnos, nuestro cuerpo tiene unas características que ni siquiera medidas extremas pueden cambiar a que el peso y la figura no se pueden moldear a voluntad. Podemos estar en nuestro peso ideal y seguir teniendo caderas anchas, muslos o brazos gruesos, o una ligera barriguilla. Las medidas ideales son eso, ideales, no reales, por eso hemos de conocer cómo es nuestro cuerpo antes de plantearnos un objetivo que a lo mejor no es posible alcanzar y que va a ser fuente de frustración, ignorando los logros que hemos conseguido.

Si somos conscientes de cómo es nuestro cuerpo, y nos marcamos el objetivo de padelgazar de forma paulatina hasta alcanzar un peso saludable, con una dieta equilibrada y realizando ejercicio físico, llegaremos al final del camino no sólo con la satisfacción de usar ropa más pequeña, sino con unos nuevos hábitos de vida que, si logramos mantener, podremos controlar mejor nuestro peso.

Desde Psike 2.0 no podemos indicarte qué dieta seguir, ya que no somos nutricionistas, sin embargo, sí podemos asesorarte acerca de cómo hacer un autorregistro, un calendario de ejercicios, cómo planificar tus recompensas o apoyarte en tu proyecto de una vida más saludable. Asimismo, si hay algo que desees saber o tienes alguna duda acera de lo que hemos tratado en este post, no dudes en enviarnos un email a Psike2.0@gmail.com, en donde trataremos tus dudas con absoluta confidencialidad.

Siguiendo estos enlaces, podéis encontrar recomendaciones de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria acerca de cómo hacer una dieta equilibrada y un artículo sobre las dietas milagro.

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Esta semana en Psike 2.0 Dietas milagro

Has venido de las vacaciones con un recuerdo inesperado de unos kilitos de más? Estás pensado en ponerte a dieta? Esta semana en Psike 2.0 revisaremos algunos conceptos de las “Dietas milagro” y algunas guías para seguir una dieta de forma saludable.

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Fumeta o no fumeta

Últimamente se ha empezado a hablar mucho sobre el tabaco, sobretodo por los cambios en la legislación en los que se restringen las zonas en las que se puede fumar. Pero ¿a qué se pueden deber estas medidas que han hecho a los fumadores sentirse acorralados? Bien, la investigación ha demostrado lo perjudicial que es el consumo de tabaco siendo este la principal causa del 95% de los cánceres de pulmón, del 90% de las bronquitis y de más del 50% de las enfermedades cardiovasculares; en nuestro país mueren cada año más de 50.000 personas debido al consumo de tabaco, más que por los accidentes de tráfico y el consumo de todas las drogas ilegales juntos. Así mismo, las consecuencias de la adicción al tabaco supusieron un coste en 2008 de 14.710 millones de euros al Sistema Nacional de Salud.

El tabaquismo o la adicción tabáquica se trata del consumo de productos elaborados del tabaco, especialmente cigarrillos, que supone un riesgo para la salud y que conlleva una adicción a la nicotina y, como consecuencia de su administración repetida que provoca una fuerte dependencia.

Las razones que llevan a cada uno a fumar son tantas como fumadores hay en el mundo, sin embargo, existen características comunes en el momento en el que se inicia el consumo.

Generalmente, la mayoría de los fumadores inician el consumo durante la adolescencia, entre los 13 y los 18 años, esta etapa de nuestra vida se caracteriza, entre otras cosas, por la curiosidad, el deseo de experimentar sensaciones nuevas, de acercarse al mundo adulto, así mismo, se trata de una época en la que nuestro referente es nuestro grupo de amigos y somos muy sensibles a la presión de nuestros compañeros.

Estos son elementos críticos a la hora de iniciar el consumo de tabaco ya que juegan un papel central en la primera experiencia con el tabaco: la curiosidad por el hábito se puede ver ayudada por la influencia de los compañeros que ya han iniciado el consumo, o por un sentimiento de compañerismo con los que también lo quieren probar. Por otra parte, el hecho de que haya fumadores en la familia tiene una gran influencia en el desarrollo del hábito, ya que se imita el comportamiento de éstos y facilita el acceso a los cigarrillos.

Este conjunto de circunstancias son centrales ya que ayudan a compensar las reacciones negativas de la primera vez que se fuma, y a su vez incitan a que se vuelva a repetir la experiencia; si esta secuencia persiste, la conducta de fumar pasa a depender de los efectos de la nicotina. En este momento, ya no fumamos por experimentar o ser aceptados en nuestro grupo de referencia, sino que lo que nos hace continuar fumando tiene que ver con tres elementos:

  1. La repetición de la conducta de fumar varias veces al cabo del día lleva a que esta se automatice y se lleve a cabo sin que el fumador tenga que pensar en lo que está haciendo.
  2. La naturaleza de la nicotina permite que se pueda consumir en un abanico de situaciones muy variado, lo que hace que la conducta de fumar se asocie fácilmente a elementos presentes en esas situaciones como las personas, actividades, bebidas u objetos que posteriormente van a actuar como estímulos que nos van a incitar a fumar.
  3. Cuando desciende el nivel de nicotina en sangre se empiezan a experimentar los síntomas del síndrome de abstinencia, por tanto necesitamos fumar para evitar sentirnos mal, y cuando fumamos obtenemos las consecuencias positivas de la nicotina – como activación o mejora de la concentración -, así como las consecuencias sociales de fumar – el descanso del trabajo para fumar el cigarro con los compañeros -.

Y con todo esto, ¿qué puedo hacer si quiero dejar de fumar?

Como todo en esta vida, es más fácil empezar algo que terminarlo, y el tabaco no es una excepción. Una premisa básica es que sólo dejará de fumar aquel que realmente quiera hacerlo, si no estamos completamente convencidos de que queremos hacerlo ahora, es mejor que trabajemos en nuestra motivación para dejarlo antes de intentarlo, ya que de lo contrario, las probabilidades de fracasar son muy altas. Dejar de fumar es un proceso que implica un esfuerzo por parte de quien decide llevarlo a cabo,  y que va a suponer un cambio en nuestro estilo de vida que traerá una gran cantidad de beneficios físicos y psicológicos.

A la hora de dejar de fumar es imprescindible estar preparado para lo que va a ocurrir, especialmente para poder hacer frente al síndrome de abstinencia, ya que es el elemento más poderoso en los primeros días del abandono y que nos puede llevar a la recaída. Este síndrome se caracteriza por un fuerte deseo de fumar, irritabilidad, problemas de sueño, fatiga, aumento del apetito o mareos.

Para poder hacer frente a estos síntomas se recomienda fijar la fecha para dejar de fumar en fin de semana, para verse libre del estrés del trabajo, consumir gran cantidad de fruta y verduras, no consumir café o alcohol -que están fuertemente asociados al tabaco-, hacer ejercicio físico y practicar técnicas de relajación.

No obstante, como hemos explicado antes, la conducta de fumar no sólo depende de la presencia de la nicotina, ciertas situaciones también pueden desencadenar el deseo de fumar; es por ello que cuando hemos decidido dejar de fumar es necesario informar a las personas de nuestro entorno de la decisión que hemos tomado y de la fecha a partir de la que lo vamos a llevar a cabo. Antes de esa fecha debemos: deshacernos de todos los objetos asociados al tabaco -cajetillas, mecheros, ceniceros, etc…-, ser conscientes de las situaciones en las que fumamos y evitarlas en la medida de lo posible durante las primeras semanas; para identificar estas situaciones es recomendable llevar a cabo un autorregistro, ya que, como hemos comentado anteriormente, la conducta de fumar ocurre de forma automática. Este autorregistro nos ayudará a su vez a identificar las situaciones de riesgo que nos pueden llevar a una recaída.

Y esta es otra preocupación, las recaídas… es sábado por la noche,  llevas como un mes sin fumar y te sientes fenomenal, estamos de cañas por el centro con los amigos de siempre y, tras dos o tres cervezas, el gusanillo que nos picaba ya nos está devorando y cuando nos ofrecen un cigarro el “no gracias” pasa de largo. Bien, una recaída no ha de verse como un fracaso, sino como una oportunidad para conocernos mejor y determinar qué ha fallado y no volver a repetir ese error. En este ejemplo, podemos ver que lo teníamos todo: situación, personas, objetos y alcohol junto con un periodo de abstinencia importante, pero no lo suficientemente largo como para poder hacer frente a tantos estímulos que llevan encima una pancarta que dice FUMA.

Asimismo, es frecuente sentircupación por la ganancia de peso que parece ser tan común al abandonar el tabaco, pues bien, no todo aquel que deja de fumar engorda. La ganancia de peso ocurre cuando se confunde el deseo de fumar con hambre, para lo que se consumen una gran cantidad de dulces tratando de mitigar la ansiedad. Como recomendaciones para prevenir el aumento de peso está indicado el consumir frutas y verduras, beber mucha agua y zumos naturales sin azúcar, evitar alimentos grasos, comer carne magra o pescado, emplear menos sal y azúcar, y tratar de comer a horas regulares.

Todo lo que hemos explicado en esta última parte son recomendaciones muy útiles a la hora de dejar de fumar, aune es muy frecuente que se necesite el asesoramiento de un profesional para lograrlo. Si estás considerando dejar de fumar, pero no estás segur@ de cómo hacerlo, te gustaría recibir apoyo o tienes alguna duda, mándanos un email a Psike2.0@gmail.com, nuestro equipo de psicólogos te puede ayudar a determinar tu perfil de fumador mediante una sencilla evaluación, te puede aconsejar acerca de técnicas de relajación, indicarte cómo hacer un autorregistro para determinar las situaciones en las que fumas o asesorarte sobre cómo llevar a cabo tu proceso para aboandonar el tabaco.

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No somos solamente un pene…

Viernes por la noche, cenita romántica con ese pedazo de chica que te vuelve loco y que, después de semanas detrás de ella, al fin ha accedido a salir contigo. Una copa tras la cena y como cierran los bares sugieres ir a tomar la última a tu casa, ¡a lo que también accede!

Lo tienes todo listo, hiciste la cama antes de irte por si la noche se daba bien, te has asegurado de ponerte calzoncillos sin agujeros y es más, hasta has preparado velas y música suave. Tras toda la noche hablando y riendo juntos, llega el momento en el que ya ni percibes qué calzoncillos llevas, si está sonando música suave o AC DC y poco importa lo que te esmeraras en hacer el dobladillo de la cama porque de él sólo queda un vago recuerdo.

¡Por fin! Tanto tiempo deseando tener a esa chica contigo, ambos cuerpos perdidos en la intimidad del dormitorio… pero ¿qué está pasando? ¡Noooooooooooooooooooooooo! Uno de los elementos en cuestión parece cobrar conciencia propia y decide cerrar por la noche. Ese hecho temido, esa fatídica amenaza que planea sobre tu cabeza se vuelve realidad: el gatillazo. Ese fenómeno que a todo hombre, vayas donde vayas y hables con quien hables, le supone una estocada directa al corazón y a la autoestima.

Genial, no tenías bastante con intentar no temblar de pies a cabeza toda la noche con ella como para que te ocurra esto y pierdas… la “presencia de espíritu” que te quedaba. Ella te dice que no pasa nada, que es normal (cosa que en el fondo ya sabes), que no te preocupes, pero aún así no te sientes ni mínimamente mejor, incluso te sientes peor: cada vez más nervioso, más frustrado, y más preocupado por un montón de cosas. Y ¿qué ha pasado?

Bueno, vamos a pararnos un momento a pensar… La respuesta sexual es un fenómeno fisiológico que depende de la médula espinal, por tanto, la erección y la eyaculación son reflejos, respuestas automáticas a unos estímulos determinados. No obstante, aunque no controlemos de forma deliberada la respuesta sexual, ésta no es independiente de lo que nos pasa por la cabeza. Las preocupaciones tienen un efecto muy importante sobre la respuesta sexual, sobre todo las preocupaciones sobre la relación sexual que estamos teniendo en ese momento.

Cuando mantenemos relaciones sexuales generalmente se da un torrente de emociones y sensaciones que tiene un cierto control sobre nosotros. Muchas veces, si hemos experimentado “fallos” en nuestras relaciones anteriores, lo que se apodera de nosotros es la posibilidad de que pueda pasarnos otra vez, sobre todo cuando es la primera vez que lo hacemos con una persona nueva. Estas preocupaciones pueden materializarse en pensamientos del tipo “a ver si esta vez no me pasa”, “no pienses en que va a pasar”, “igual me pasa otra vez”, y claro, cuanto más lo piensas peor te pones. Ya sabes, no hay como decir “No pienses en el elefante rosa” para que no puedas pensar en otra cosa que no sean elefantes rosas, llegando al punto en el que hagas lo que hagas, sólo existen paquidermos rosados en tu mente.

Estos pensamientos han provocado en ti una situación de nerviosismo y ansiedad que conlleva cambios fisiológicos en tu organismo, cambios incompatibles con la excitación sexual y, por tanto, con la erección. Al notar que ésta va disminuyendo te pones más nervioso, lo que hace que los cambios fisiológicos que dificultan la respuesta sexual aumenten. Al tratar de evitarlos, sólo consigues entrar en un círculo que ya sabemos cómo acaba.

Por lo general, estos factores se encuentran en la base de la mayoría de los gatillazos, aunque no son los únicos. Por tanto, hay que tener en cuenta que también hay otros elementos que pueden estar dificultando la relación sexual, como son el cansancio, la presencia de enfermedades y trastornos transitorios, o determinadas medicaciones.

Hemos mencionado anteriormente como las preocupaciones relativas a la relación sexual (sentimientos de culpabilidad o responsabilidad) tienen un impacto directo sobre la misma. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que todas las preocupaciones en general (laborales, económicas, familiares o de pareja, especialmente las relacionadas con problemas de comunicación o atracción) pueden dificultar la relación sexual no sólo interfiriendo en la excitación, sino también en la experiencia sexual en general.

Así mismo, otro factor que tiene mucho, muchísimo que ver con las dificultades para mantener la excitación sexual es el consumo de sustancias con propiedades relajantes: alcohol o marihuana. Aunque en un principio la experiencia personal podría indicar lo contrario, dichas sustancias influyen negativamente en el sexo. Estas drogas pueden facilitar el deseo pero es tal su efecto depresor sobre el sistema nervioso, que terminan por inhibir la excitación, el aumento de la tensión muscular y el ritmo cardíaco que desencadena el orgasmo. Resultado… no se te levanta.

Y la pregunta del millón de euros, ¿qué puedo hacer para que no me pase?. Lo primero, desechar la idea de que a uno no le pasará nunca. Cualquiera de los factroes expuestos anteriormente pueden darse en algún momento de nuestra vida, por lo que nadie está exento de que alguno influya en su vida sexual. A continuación es imprescindible asumir que la relación sexual no se reduce sólo al coito y el orgasmo, sino que se trata de algo más complejo en donde el placer se obtiene también a través de caricias,  juegos, besos, etc.

Aunque nunca se puede tener la certeza de que no va a volver a pasar, sí que podemos hacer algo para reducir las probabilidades de que ocurra como es estar lo suficientemente descansado, reducir el consumo de alcohol o drogas, dedicar el tiempo suficiente a la excitación previa, no lanzarse a la penetración en cuanto se note la erección, sino más bien esperar a alcanzar un notable estado de excitación, no centrar la actividad sexual en el coito, sino experimentar el placer mediante otros elementos. Así mismo, también es de ayuda emplear fantasías e incluso, si la pareja está de acuerdo, material audiovisual para poder alcanzar un punto de excitación en donde la erección sea más estable y permita la penetración.

No obstante, y a pesar de estos consejos hay que tener en cuenta que no hay una fórmula mágica para conseguir relaciones sexuales plenamente placenteras y perfectas. Cada persona es única en su forma de vivir la sexualidad y por tanto lo que para uno vale no necesariamente es de ayuda para otro.

En todo caso hemos de tener en cuenta que la ocurrencia en una ocasión, en dos o incluso tres, no es indicativo de la existencia de un problema de impotencia, si no de una dificultad puntual. No obstante, si la disfunción ocurriera de forma persistente es recomendable consultar a un especialista, no sin antes descartar factores físicos como problemas urino-genitales, diabetes o hipertensión mediante consulta médica. El psicólogo nos ayudará a buscar los factores que están dificultando las relaciones sexuales y darnos guías acerca de qué podemos hacer para superar nuestro problema particular. Este tipo de problemas son más fáciles de tratar de lo que parece y tienen un alto índice de éxito.

Sin embargo, lo que no debemos olvidar es que la relación sexual placentera, culmen del sublime deleite al alcanzar el orgasmo, baño de calma tras el goce de pasiones incendiarias, regalo de plenitud, satisfacción y exhuberancia, seguramente nos merece algo de tiempo y dedicación…

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Segundo taller de Risoterapia de Psike 2.0


Gracias al éxito de nuestro primer taller de Risoterapia y debido a la demanda de quienes no pudieron participar en el mismo por falta de plazas, Psike 2.0 ha programado, en colaboración con en club de fitness Body Factory Hortaleza, la  segunda edición de nuestro taller de Risoterapia. Este tendrá lugar el próximo Sábado 19 de Junio a las 10:30 hrs en las instalaciones del club situado en la C/ Malagón 2.

No te pierdas la oportunidad de vivir esta experiencia, mediante la que, como nuestros anteriores participantes han hecho, podrás beneficiarte de las propiedades de la risa más genuina como son la mejora del estado de ánimo, el bienestar general y el desarrollo de un punto de vista positivo y optimista respecto nosotros mismos y a lo que nos rodea.

La asistencia al taller tiene un coste de 10€ para los socios del club y de 15€ para los no socios. Si deseas más información o inscribirte en el taller envianos un email a Psike2.0@gmail.com o por teléfono en 653 382 414 o 644 236 282.

Recuerda que el número de plazas es limitado, por tanto asegurate de comunicarnos tu interés con antelación para reservar tu plaza mientras aún hay disponibles.

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Primer taller de Risoterapia por Psike 2.0

Nuestro primer taller de risoterapia tuvo lugar el pasado 22 de Mayo. Aquí puedes ver algunas de las fotos de cómo se lo pasaron los participantes. Desde Psike 2.0 queremos agradecer su colaboración y entusiasmo al participar en esta actividad. Esperamos veros pronto en otras sesiones.

Si quieres participar en nuestros próximos talleres, mándanos un email a Psike2.0@gmail.com y nos pondremos en contacto contigo.

Para ver el álbum completo puedes hacerlo en nuestro perfil en Facebook o haciendo click en la siguiente dirección http://viewmorepics.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewPicture&friendID=536289782&albumId=161924


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¿Y qué tienen que ver las uñas con la psicología?

¡¡Ay, ay, ay…. pero qué difícil es abrir una navaja cuando no tienes uñas!!

Como ves a esta chica le cuesta mucho abrir esta navaja, esto le ocurre porque se muerde las uñas ¿Te suena? Si es así, es porque tienes Onicofagia, es decir, un hábito nervioso que consiste en morderse las uñas o la piel que las rodea de forma persistente.

Popularmente se cree que, este hábito, sólo tiene como consecuencia negativa el aspecto feo que tienen las uñas mordidas, sin embargo, los problemas que genera el morderse las uñas van más allá, por ejemplo, puede causar deterioro de la matriz de la uña que provoca deformaciones, infecciones, dolor, heridas en los dedos, pero también, desgaste y astillamiento de los dientes, heridas en los labios, aftas… en fin, por lo que parece, no se trata de un hábito inocuo, sino que más bien acarrea una serie de consecuencias negativas bastante poco atractivas.

Pero, ¿cómo es posible que mantengamos un hábito que tiene tantas consecuencias negativas? Las razones por las que seguimos mordiéndonos las uñas a pesar de que nos hacemos daño, nos provocamos infecciones y los demás nos critique al fijarse en nuestras manos, son muchas y de diverso tipo, por ejemplo, toda la serie de comportamientos encadenados que ocurren al morderse las uñas, la poca conciencia que tenemos de estar haciéndolo, la cantidad de veces que lo hacemos al cabo del día y que socialmente no está tan mal visto como masticar con la boca abierta.

Por tanto es una costumbre que, en la edad adulta, no tiende a desaparecer de forma espontánea, sino que resulta necesario seguir unos pasos determinados para lograr abandonar el hábito de mordernos las uñas.

La onicofagia es un problema que se ha tratado de solucionar desde hace mucho tiempo, seguro que todos recordamos a algún compañero del colegio a quien le ponían tabasco o un líquido de la farmacia en las uñas para que no se las mordiera. Esta forma de eliminar el hábito es una técnica aversiva, es decir, que al intentar morderte las uñas recibes un castigo con el mal sabor o el picor.

No obstante, seguro que también recordamos que eran más los compañeros que seguían mordiéndose las uñas que los que dejaban de hacerlo; esto es debido a que por una parte, es posible acostumbrarse al mal sabor y seguir mordiéndonos las uñas, y por otra parte, no estamos ofreciendo una alternativa a este hábito.

Otro método que también he ha hecho popular, es el uso de un protector de plástico en los dientes, pero con el inconveniente de que es molesto llevar algo en la boca todo el rato y que no sólo nos podemos dañar las uñas con los dientes, también es parte de la onicofagia el tratar de igualar las uñas y levantar la piel que las rodea con las otras uñas.

Azrin y Nunn, dos psicólogos estadounidenses, desarrollaron una técnica para tratar de reducir o eliminar los hábitos nerviosos, entre ellos, la onicofagia, denominada “Inversión del Hábito” que ha resultado bastante exitosa. El punto central de esta técnica consiste en ser conscientes de en qué momentos nos estamos mordiendo las uñas y aprender a llevar a cabo otra conducta que sea incompatible con eso.

Para ello, y a grandes rasgos, hemos de seguir las siguientes recomendaciones:

  • Registrar los momentos en los que nos mordemos las uñas: Para poder ser conscientes de que nos estamos mordiendo las uñas, necesitamos apuntar cuántas veces ocurre al cabo del día y en qué situaciones ocurre.
  • Hacer una lista de los inconvenientes que conlleva el morderse las uñas y las ventajas de dejar de hacerlo.
  • Detectar en qué situaciones nos mordemos más las uñas y en qué situaciones nos las mordemos menos. Por ejemplo, a todos pasa que cuando estamos nerviosos o ansioso necesitamos hacer algo con las manos, en el caso de las personas con onicofagia, es morderse las uñas, sin embargo, cuando estamos relajados o ante personas desconocidas, no llevamos a cabo estos hábitos nerviosos.
  • Práctica de la reacción competitiva: Se trata de aprender a hacer una conducta que compita con los movimientos que llevan a morderse las uñas en el momento en el que se sienta el impulso de llevar a cabo el hábito.En este caso, cerrar los puños no te permitiría morderte las uñas y al mismo tiempo, no llamaría la atención de los que están alrededor. Lo ideal es que esta conducta no interfiera con las actividades que estás llevando a cabo y debes mantenerla durante 3 minutos, pero sin mirar el reloj constantemente mientras lo haces. En el caso de que tuvieras que interrumpir el desarrollo de esta reacción, retómala en cuanto puedas hasta completar los 3 minutos.
  • Trata de practicar esta conducta en todas las ocasiones que puedas, desarrollar nuevos hábitos es principalmente, una cuestión de práctica.
  • Así mismo, es importante premiarse cuando hemos sido capaces de llevar a cabo esta conducta competitiva y no nos hemos mordido las uñas. Para premiarse no son necesarias grandes cosas, a veces con decirnos a nosotros mismos, “¡bien hecho!” es un premio ya que reconoce que lo hemos hecho correctamente.Nosotros mismos somos los primeros en reconocer nuestro esfuerzo en cambiar este hábito, pero también es importante que quienes nos rodean se den cuenta de ello y podamos contar con su apoyo y reconocimiento. Mostrar a los demás de forma natural, que ya no nos mordemos las uñas es una forma de manifestar este trabajo.

Estas guías que hemos expuesto aquí, son sólo eso, guías que te pueden ayudar a comprender cómo está funcionando el problema, pero no constituyen un tratamiento formal para intervenir sobre el problema de la onicofagia. Esta intervención completa ha de estar supervisada por un profesional que te vaya guiando en cada momento y te ayude a superar las dificultades que puedan surgir.

El hábito de morderse las uñas es algo que aprendemos desde que somos pequeños, repetimos continuamente y apenas somos conscientes de que lo hacemos. No obstante con el apoyo suficiente, al igual que aprendimos a mordérnoslas podemos aprender a no hacerlo.

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Insomnio…¿contamos ovejitas?

Entre un 1 y 10% de la población adulta sufre insomnio. Si hablamos de ancianos, la cifra asciende al 25%. El insomnio consiste en la dificultad para iniciar y mantener el sueño reparador durante, al menos, un mes. Esto se traduce en que estás hecho polvo y no rindes a niveles “normales” durante el día. En el sueño, al igual que en muchas otras parcelas, parece que no es tan importante la cantidad como la calidad. Dormir mal puede ir asociado a otros problemas médicos y/o psicológicos pero, en ocasiones, no hay otros desórdenes que lo expliquen.

Veamos cómo se organiza el sueño para intentar combatir problemas relacionados. Nuestro sueño está dividido en ciclos, cada uno de ellos de unos 90-110 minutos. Por lo que, en una noche, solemos tener unos 5 ciclos. Cada uno de los ellos,  se divide en fases:

Fase 1: Transición sueño-vigilia. Dura unos 7 minutillos. Es la primera fase del sueño y la transición entre fases. En este momento, todavía podemos percibir algunos estímulos  y solemos tener esas “alucinaciones” extrañas por las que ensamblamos elementos reales con componentes oníricos.

Fase 2: Sueño ligero. En este momento, nuestra frecuencia cardiaca disminuye, al igual que nuestra tensión arterial y el flujo de nuestro de nuestro cerebro… estamos preparados para introducirnos en la más placentera de las “inconciencias”.

Fases 3 y 4: Sueño profundo. Esta parte de nuestra actividad del dormir es la que hace que descansemos. Se trata de una actividad reparadora que nos permite rendir al 100% cuando nos despertamos. Es la que hace que se consolide nuestra memoria explícita. Cuando estudiamos, por ejemplo, necesitamos que nuestro cuerpo desconecte del entorno para almacenar adecuadamente los conocimientos que deseamos guardar y recuperar el día del examen. Sin este sueño, nuestros recuerdos quedarían en una especie de limbo prácticamente inalcanzable. Por eso, las “panzadas” de horas de estudio en el último momento, acaban por conllevar resultados regulares. Como un buen cocido, nuestro conocimiento necesita reposar.

Fase 5: Sueño Rápido ó REM. Ésta se convierte en la fase del descanso psicológico; el momento en el que soñamos (lo recordemos o no al despertar). Es aquí cuando nos quedamos fríos en la cama y nuestros ojos se mueven por debajo de nuestros párpados. Aquí es donde Freud es feliz. Esta fase favorece el desarrollo cerebral y el aprendizaje. Se ha comprobado que opositores o personal con un amplio trabajo intelectual sueñan más que otras personas.

Todas las fases tienen importancia, así que si no alcanzamos algunas de ellas o lo hacemos de forma superficial, lo notamos por la mañana (o incluso durante la propia noche). Cuando tenemos problemas para dormir, tenemos que observar en qué consisten. Tan desagradable es despertarse muy frecuentemente como amanecer a las 5 AM sin poder conciliar de nuevo el sueño.

¿Qué hacer si no dormimos bien?

– Teniendo en cuenta las prescripciones médicas, disminuir o eliminar las dosis de ciertas sustancias que nos excitan o nos impide dormir. Aquí entran desde fármacos, hasta drogas (alcohol o tabaco, por ejemplo) pasando por cantidades significativas de café, té, coca-cola o chocolate. Sí, aunque los spots no lo publiciten demasiado, estas sustancias contienen xantinas (lo que hace que, en cierta medida, estemos más activados).

Hacer deporte o alguna actividad física durante el día hace que nuestro cuerpo se rinda al descanso por la noche. Practicarlo en horas cercanas a la hora de dormir nos activa y origina el efecto contrario al que queremos conseguir.

– Llevar unas rutinas de sueño. Es muy importante que intentemos acostarnos y levantarnos a la misma hora (incluso los días festivos) pues nuestro cuerpo se guía por señales… ¿a quién no le ha pasado nunca despertarse justo antes de que suene el despertador para ir al trabajo? Intentemos entonces “educar” a nuestro cuerpo/mente. Los rituales para acostarse también funcionan y lo hacen de manera parecida (ponerse el pijama, cerrar la puerta, apagar la luz, meterse en la cama…)

– Practicar alguna actividad relajante justo antes de irse a la cama. Yoga, relación o un buen baño de agua caliente te ayudarán.

– Distraernos. Usar nuestra imaginación para visualizarnos en playas paradisiacas, listar mentalmente los números pares de 100 a 0, o contar ovejitas, también funciona (aunque la última estrategia no es de las más eficaces). Por aburrimiento en algunos casos, en otros porque nos alejamos de pensamientos que nos persiguen y preocupan o porque nos contemplamos en experiencias agradables y tranquilas que hacen que nos “transportemos” mentalmente y nuestra activación física se aminore para seguirnos en tales experiencias.

– Tomar un vaso de leche caliente o una infusión relajante un poco antes de ir a dormir también facilita que conciliemos el sueño.

Evitar permanecer en la cama si no es para dormir. Realizar actividades de otra índole como leer, hacer ejercicios, ver la TV, etc. lo único que le dicen a nuestro cerebro es: “¡eh, amigo, aquí se hace de todo! Estate atento”. La cama tiene que significar para nosotros dormir. Lo mismo que el baño no nos sugiere coger una sartén para freír un par de huevos. Así que, si después de un rato no consigues dormirte, levántate y vete a otra estancia de la casa a realizar otra actividad tranquila.

Consultar a un buen profesional es el remedio más adecuado si estas herramientas no dan frutos. Los fármacos prescritos pueden echarnos una mano pero debemos saber algo al respecto.  Los medicamentos que suelen administrarse para conciliar el sueño, hacen que entremos rápido en las primeras fases (por lo que quedamos dormidos al instante) pero disminuyen la duración de las últimas fases del sueño que, según sabemos, son las que verdaderamente nos hacen descansar. Parece, por tanto, que  no existe la píldora milagrosa… y quizá sea un alivio pues si no, no aprenderíamos por nosotros mismos a superar nuestros problemas.

Aprender a dormir bien si uno tiene problemas en este campo no es tarea fácil, pero… ¿conocéis alguna que lo sea?

 

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La ansiedad, mi aliada y mi enemiga

Imagínate que estás cruzando una calle y ves venir un coche que se acerca a ti a gran velocidad y que no parece tener la intención de frenar…. De repente te das cuenta y estás en el otro lado de la acera, tu corazón latiendo como si se te fuera a salir del pecho, estás sudando y notas tu piel como si acabaras de recibir una descarga eléctrica, pero has llegado de una pieza.

Y todo esto ha ocurrido prácticamente sin que te dieras cuenta, has llevado a cabo una conducta de huida de forma automática, casi sin pensar en lo que hacías, y ¿cómo es posible que hayas podido salvar tu vida sin ni siquiera ser consciente de lo que estabas haciendo? Pues bien, esto se debe a que has experimentado ansiedad.

Al contrario de la creencia común, la ansiedad no es una reacción negativa, sino todo lo contrario, si no fuéramos capaces de sentir ansiedad en la situación que acabamos de describir, no habríamos corrido para evitar el coche que venía hacia nosotros, ya que no habríamos entendido que la situación ponía en peligro nuestra vida.

La ansiedad se trata de una reacción anticipatoria, es decir, nos señala que estamos ante una situación peligrosa que amenaza a nuestro bienestar, por tanto, nos prepara para la acción, haciendo que todos nuestros recursos se pongan en funcionamiento al máximo rendimiento para poder hacer frente a ese peligro.

En este caso, gracias a la ansiedad, en a penas una fracción de segundo hemos podido calcular la distancia hasta la acera más cercana, la velocidad a la que tendremos que correr para llegar allí antes de que el coche llegue a nosotros, la tensión que necesitamos en los músculos para correr, la glucosa que es necesario que esté disponible para que nuestro cuerpo tenga energía, el aumento adecuado del nivel de oxígeno, o que haya suficiente sangre circulando a la velocidad necesaria para trasladar todas estas sustancias a nuestro cerebro y a nuestros músculos.

Pero, entonces, ¿a qué viene tanta preocupación con la ansiedad?, si es adaptativa, cuanta más mejor, ¿no?. Mucho nos tememos que esto no es así, ya que como con todo lo relacionado con el ser humano, las cosas siempre tienen más ángulos de lo que parece en un principio. Unos niveles moderados de ansiedad hacen que nuestro rendimiento en las tareas que llevamos a cabo mejore, sin embargo unos niveles excesivamente altos no nos permiten ni recordar en qué día vivimos.

A quién no le ha pasado que, a la hora de hacer un examen, como por arte de magia las respuestas vienen a tu mente sin problemas, y hasta de forma ordenada, o por el contrario, al leer las preguntas te quedas en blanco y no aciertas a responder a absolutamente nada más que a escribir tu nombre que, por vergüenza, no quieres ni poner. Yerkes-Dodson, dos psicólogos norteamericanos, enunciaron su ley a principios del siglo XX en la que explicaron este fenómeno por el que, un cierto grado de activación, hace que mi rendimiento en una situación determinada sea bueno, y sin embargo, a partir de un punto, cuanta más activación peor rendimiento. Para explicarlo diseñaron este gráfico:

Es a partir de la línea discontinua cuando la ansiedad empieza a tener efectos dañinos, pero ¿qué hace que nuestra activación deje de ser buena, para empezar a crearnos problemas? Este cambio viene dado por la interpretación que hacemos a cerca de la amenaza que supone un hecho determinado.

Si al enfrentarnos a una situación la consideramos como mucho más peligrosa de lo que realmente es, nuestro nivel de ansiedad sube de forma desproporcionada al peligro al que estamos expuestos, y es entonces cuando sentimos todos los efectos nocivos de la ansiedad como una elevada sensación de nerviosismo, preocupación, y tensión que a veces se acompañan de taquicardias, sensación de falta de aire, mareos, temblores, dolores de tripa, y una larga lista de sensaciones desagradables que interfieren en nuestra vida diaria.

Es en este punto donde la ansiedad se considera como clínicamente significativa, y es recomendable consultar con un profesional para volver al punto en donde ésta nos facilitaba el desenvolvernos en nuestras tareas cotidianas. Alrededor del 13.8% de las consultas que llegan a salud mental y a atención primaria en nuestro país están relacionadas con la ansiedad y sus efectos, lo que hace de este padecimiento uno de los problemas más comunes en nuestra sociedad.

Mediante la ansiedad y las sensaciones que nos provoca, nuestro cuerpo y nuestra mente se comunican con nosotros, por tanto, es importante escuchar lo que nos quieren decir, unas veces será con la intención de ponernos en alerta sobre la situación en la que nos encontramos, otras para decirnos que debemos hacer algo para cambiar las cosas y otras en las que simplemente nos avisa de que estamos nerviosos, pero en las que lo mejor es dejarse llevar y vivir la situación hasta podamos comprobar que no hay ninguna amenaza y nuestra ansiedad decida dejarnos.

En todo caso, siempre se puede hacer algo para aliviar un poquito ese nudo en la garganta, aunque sea alto tan sencillo como esto…

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